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Ginebra, mucho más que lujo y chocolate

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Los prejuicios a veces juegan malas pasadas al viajero y no le dejan disfrutar con intensidad de lugares con mucho que ofrecer. ¿Qué fama persigue a Ginebra? A priori puede parecer una ciudad donde los funcionarios de los grandes organismos y los trabajadores de los bancos van de la oficina a casa y de casa a la oficina. Nada más lejos de la realidad.

Le Jet d'eau de Ginebra

Para empezar, Ginebra tiene un emplazamiento envidiable. Está abrazada por los Alpes Suizos y Franceses que le han regalado a la ciudad unos paisajes hermosos y un lago llamado Leman sobre el que gira toda la ciudad.

Aunque Ginebra sea sinónimo de lujo, hay actividades y rincones interesantes para todos los bolsillos. La oferta hotelera es de las mejores del mundo, pues ninguna otra ciudad en el planeta tiene tantas camas cinco estrellas por habitante como esta ciudad suiza. Buscar un buen hotel no es nada complicado y si os podéis dar un capricho, yo apostaría por el Mandarin Oriental. Curiosamente, es más barato los fines de semana que en los días de diario.

Lago Leman en Ginebra

En el apartado gastronómico, Ginebra tiene un sabor dulce intenso. Los golosos amarán esta ciudad sobre todas las cosas pues dispone de excelentes pastelerías. El chocolate es una auténtica religión en Suiza, casi tanto como el dinero.

Sin embargo, yo os propongo algo más económico, popular y tan típicamente suizo como los relojes. Una buena fondue de queso. Hay dos lugares especialmente indicados para degustarla. Uno se llama Bains des Paquis, situado en Quai du Mont-Blanc. Es modesto pero muy popular. El otro es muy turístico pero merece la pena. Se trata del restaurante Edelweiss ubicado en los bajos de un hotel típicamente tirolés en la multicultural Place de La Navigation. No olvidéis acompañar la fondue con un buen vino blanco o con una de las sabrosas cervezas artesanales de Ginebra.

Y como no sólo de dormir y comer vive el hombre, vamos a hacer un poco de turismo por esta coqueta ciudad. Empezaremos por el lago Leman para inmortalizarnos junto a una de las imágenes más célebres de la ciudad. Le Jet d’eau, un enorme chorro de 140 metros de altura que se ve desde cualquier punto de Ginebra.

Crepe de chocolate en Ginebra

Luego podemos perdernos por las callejuelas empedradas y las cuestecitas de su casco histórico. Quizás merece una mención especial la Catedral de Saint-Pierre un templo protestante calvinista que ofrece al viajero unas excelentes vistas de Ginebra desde sus miradores. Merece la pena.

No está mal para una escapada a Ginebra con easyJet ¿verdad? Para próximas entregas dejamos lugares tan interesantes como el Museo de Patek Philippe, ideal para amantes de la artesanía relojera suiza, la sede de la ONU con la mágica cúpula de Barceló, el museo de la Cruz Roja o el Cern.

 

*El autor del artículo es Pau García Solbes (el_Pachinko) del blog de viajes diariodelviajero.com y elpachinko.com. Las fotos publicadas en este artículo son propiedad de @elPachinko y tienen todos los derechos resevados.

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