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Viaje a Basilea en familia

No me cabe duda, Basilea se encuentra en una ubicación privilegiada. Situada en pleno centro de Europa, en la intersección de las fronteras entre Francia, Alemania y Suiza, sus calles se desparraman por estos tres países, conformando una de las ciudades más internacionales del viejo continente. Además, la segunda urbe suiza está excelentemente comunicada por tierra y aire –en este caso con los principales aeropuertos españoles a través de easyJet–, con lo que imaginemos por un momento qué planazos pueden surgir de este hecho: recorrer Suiza de punta a punta (Zürich, Berna o Luzerna están a una hora de camino; Lausana, Ginebra o Lugano a tres), visitar la Alsacia francesa (Colmar está a una hora, Estrasburgo a dos, ambas son una delicia para visitar en navidades), o aventurarnos por el sur de Alemania (Friburgo a menos de una hora, Stuttgart a tres, algo más Munich), y recorrer plácidamente los pequeños pueblos y parajes de la Selva Negra, que comienza ya a despuntar tímidamente a los pies de la ciudad suiza.

Basilea es una urbe joven –gracias a su reputada y centenaria universidad– y dinámica, culta y vanguardista. Pero también es una ciudad para visitar tranquilamente en familia. Para empezar, sus calles son en su mayoría anchas y espaciosas, bien dibujadas y siempre recorridas por un ejército disciplinado de tranvías. Ésto a veces es un inconveniente si vamos con carrito de bebé, puesto que no hay demasiados pasos para peatones y muchas veces hay que cruzar al otro lado de la calle campo a través, empujando el carrito de bebé sobre los raíles de tranvía y mirando dieciocho veces a ambos sentidos de la circulación, como buenos padres precavidos. Veremos que los suizos con hijos hacen igual, así que al menos no nos sentiremos como marcianos. Pero los tranvías no han de ser necesariamente nuestros enemigos: subamos con los niños a uno de ellos –siempre por el segundo vagón, con más espacio y con plataforma accesible a carritos de bebé–, y observaremos cómo el tranvía nos hará atravesar el gran río Rin, haciéndonos pasar de la Grossbasel a la Kleinbasel en un santiamén, o viceversa. Además, la mayoría de los hoteles de Basilea nos proporcionarán billetes de transporte gratis para toda la familia para varios días, con lo que desplazarnos por Basilea resulta la mar de cómodo.

Callejear y respirar el aire puro de Basilea ya puede ser un gran qué, tomar algo en sus múltiples terrazas y contemplar el tránsito de los tranvías y el discurrir de la vida en Suiza, también. Pero, ¿qué más nos ofrece Basilea? Sus estampas medievales y algunos restos de murallas nos hablan de un pasado milenario, salpicado de conflictos y luchas de poder. Uno de los ejemplos más claros lo encontraremos en la puerta medieval Spalentor, otro en su rojiza catedral, que alberga nada menos que los restos de Erasmo de Rotterdam, personaje clave de la Historia e inspirador de un cambio en la interpretación del cristianismo cuyos ecos todavía resuenan en nuestras vidas.

Markplatz, centro neurálgico de Basilea, nos esperará con su imponente ayuntamiento de fachadarojiza, pero sobre todo — quizá más interesante–, con un mercado diario de productos frescos en donde podremos curiosear por diferentes puestos de quesos, embutidos, hortalizas, flores, etc. Se trata de un mercado con mucha vida y os recomendamos desayunar –o merendar– en uno de los puestos que hay en una de las esquinas. Pero ojo, hemos de tener en cuenta que el mercado lo desmantelan los domingos.

En la Plaza del Mercado de pescado (Fishmarkt), se halla una bella fuente constituida por una columna gótica del siglo XIV. Pero es que por toda Basilea encontraremos pequeñas fuentes muy bien ornamentadas, algunas de ellas también centenarias. Buscar estas pequeñas fuentes puede ser una buena excusa para callejear con calma por el centro de Basilea con nuestros hijos. En las cercanías de la catedral –que recomendamos visitar– hay una bonita plaza con vistas al Rin, donde al caer la tarde se acercan los jóvenes suizos a hacer un botellón de lo más plácido y civilizado. Se trata de un excelente lugar para ver anochecer y fotografiar la ribera del río con sus casas y palacetes señoriales, contemplar las agujas de iglesias que despuntan en el horizonte y el destelleo de los tranvías que recorren afanosos sus puentes.

Hay otros muchos puntos de interés culturales, artísticos o museísticos que descubrir en Basilea, pero recordemos que vamos con niños, así que una opción más entretenida para ellos será sin duda descubrir algunos esbozos de la gastronomía suiza; nos referimos obviamente al chocolate suizo en todas sus formas y variantes, que podrán descubrir en Basilea sin más problema.

Y para los mayores, podemos darnos el capricho de catar una fondue de quesos en muchos de los restaurantes de la ciudad. Eso sí, Suiza puede ser cara para nuestros bolsillos, así que antes de emprender viaje llenaremos un poco más de lo habitual la cartera, porque lo vamos a notar.

¡Buen viaje!

Manuel Aguilar

www.3viajesaldia.com

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