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Cinco refugios de calma en París

Museo de la Vida Romántica

Como escribió Hemingway, París era, y es, una fiesta, una ciudad viva que no se detiene. Pero ocultos entre el rugido cotidiano, alejados de la apasionada vitalidad de la capital francesa, encontramos reductos de paz que nos cuentan historias sorprendentes de la ciudad. Descubrimos cinco rincones llenos de calma sin salir de París.

 

Museo de la Vida Romántica

Montmartre no es sólo la Butte, como la llaman los parisinos. La colina donde se levanta el Sacré Coeur es sin duda uno de los grandes polos de atracción turística, y las vistas de la ciudad que nos regala son espléndidas. Pero al pie de la colina, al otro lado del boulevard de Clichy donde el Moulin Rouge hace girar las aspas cada noche, se esconde un rincón auténtico que ha preservado el encanto del antiguo Montmartre.

En la rue Chaptal, la que fuera casa del pintor romántico Ary Scheffer, construida en 1830, es hoy un museo con una interesante colección de obras del romanticismo dedicado a la memoria de la escritora George Sand, amante de Frédéric Chopin. Sand visitaba con frecuencia esta casa, que hoy tiene en su jardín uno de los rincones más plácidos de París. Ya sea para leer al abrigo de los rosales y las fucsias, para tomar un té o un café, o simplemente para hacer una pausa en nuestra ruta turística, vale la pena acercarse a descubrir este pequeño jardín que nos transporta al campo en medio de la gran ciudad. Por cierto, la entrada a la colección permanente del museo es gratuita.

 

Jardín de Anna Frank

Jardín de Anna Frank

A la sombra de una de las principales atracciones culturales de París, el Centro Georges Pompidou, se extienden unos pequeños jardines que la gran mayoría de los visitantes de la ciudad desconocen. Este bello rincón de calma en pleno barrio del Marais recibe el nombre de Jardín de Anna Frank. ¿Cómo encontrarlo? En la esquina noreste del Centro Pompidou se puede ver una encrucijada, en la que se abre el Impasse Berthaud. Si nos adentramos en el callejón, accederemos a este parque inaugurado en 2007 en memoria de la niña holandesa fallecida a manos de los nazis, un espacio de 4.000 metros cuadrados que ocupa los antiguos jardines del elegante Hotel Saint-Aignan, que es hoy el Museo de Arte e Historia del Judaísmo y al que se puede entrar por la rue du Temple.

El jardín se divide en tres zonas diferenciadas: una entrada empedrada con macizos de flores, incluyendo un castaño plantado en memoria de Anna Frank; un típico jardín del siglo XVII reconstruido a partir de viejos planos, vestido con plantas aromáticas y glorietas de hierro, y, al fondo, una zona de juegos con un pequeño huerto comunitario. Algunos vecinos y estudiantes acuden a relajarse en diferentes horas del día. Es, sin duda, un buen lugar para leer, descansar y reflexionar.

 

Cementerio Père Lachaise

Cementerio Père Lachaise

Hay una tumba que siempre está llena de flores y mensajes, la del músico Frédéric Chopin, que falleció en París a los 39 años. Es uno de los inquilinos célebres del Père Lachaise, el cementerio más visitado de la ciudad y uno de los más frecuentados del mundo.

Aficionados al rock llegan de todas partes para ver la tumba del legendario líder de The Doors, Jim Morrison, que pasó sus últimos meses de vida en la capital francesa, y los amantes de la literatura acuden a visitar las tumbas de grandes figuras como Balzac, Nerval, Victor Hugo, Apollinaire o Proust.

La de Oscar Wilde merece una mención aparte por la gran cantidad de besos que ha recibido y recibe, hasta el punto que se decidió cercar el monumento con un cristal para blindarlo del furor de los visitantes. Más que los de cualquier otro cementerio, los difuntos del Père Lachaise son capaces de provocar verdaderas peregrinaciones. Pero más allá de su atmósfera cultural y espiritual, el visitante recordará más esta necrópolis como un parque bellísimo y tranquilo gracias a su abundante vegetación, la belleza de sus conjuntos escultóricos y lo accidentado del terreno. Una intensa experiencia en el corazón de la ciudad.

 

Gran Mezquita de París

Gran Mezquita de París

Muy cerca del delicioso Jardín de las Plantas encontramos uno de los patios más exóticos del barrio Latino y el centro espiritual de los musulmanes de París. La Gran Mezquita fue construida entre 1924 y 1926 inspirándose en las mezquitas de Fez, y su patio exuberante y tranquilo, distribuido alrededor de una fuente central, tiene el aire de los patios de la Alhambra de Granada.

El magnífico alminar de 33 metros de altura es la construcción más emblemática de este edificio de hormigón armado que, sin embargo, está recubierto por bellos materiales decorativos (azulejos verdes, cerámica, mosaicos, hierro forjado) procedentes de los países del Magreb y trabajados por artistas de París y artesanos del norte de África. Pasear por los plácidos espacios de la mezquita nos transporta a las ciudades imperiales de Marruecos.

En el interior se encuentra una escuela islámica. También un salón de té y unos baños turcos, aunque es mejor evitarlos si lo que se busca es relajación, ya que suelen estar llenos. La Ciudad de París donó estos terrenos para la construcción del templo en 1920, en señal de la amistad de Francia con el Islam y en recuerdo de los cien mil musulmanes muertos por Francia en la primera guerra mundial.

 

Le Chardenoux y el jardín de la Folie-Titon

La Chardenoux

Entre las estaciones de metro Charonne y Rue des Boulets encontramos unas callejuelas tranquilas que guardan algunos pequeños secretos. Uno de ellos es el encantador bistrot Le Chardenoux, que se inauguró en 1908 y que ha sido clasificado como Monumento Histórico. Renovado y puesto en valor por el chef Cyril Lignac en 2008, ha vuelto a poner de moda la tradición y nos permite viajar en el tiempo con platos deliciosos como la terrine de foie gras de pato con cítricos, las setas con huevo cuajado, el carpaccio de vieiras y el buey con chalotas.

Justo enfrente de este restaurante se abre el jardin de la Folie-Titon, un espacio inaugurado en 2007 que estuvo ocupado originalmente por la Cité Prost, un complejo de viviendas y talleres que fue demolido. En su lugar encontramos hoy una extensa zona de cesped, un pequeño huerto comunitario y un estanque, un buen lugar para reposar después de comer.

Y para tomar un café a media tarde o para picar algo, lo mejor es acercarse al Pure Cafe, la cafetería en la que Julie Delpy y Ethan Hawke discutían sobre el presente y el futuro en el film ‘Antes del atardecer‘.

 

Texto y fotografías:

Òscar Marín. Periodista especializado en viajes y creador del blog ‘El plaer de viatjar‘.

En los últimos quince años ha trabajado en la redacción de importantes revistas de viajes y naturaleza, como Altaïr, Lonely Planet Magazine, Nat y Descobrir.

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3 Respuestas

  1. Excelente artículo, muy bien seleccionados los rincones de calma. Los visitaremos!

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  2. Imprescindible visita al Pere Lachaise.

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